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Andrea Monroy “Mantras que lloran”: Heridas suturadas por palabras

  • Foto del escritor: Luis Fermando Quiros
    Luis Fermando Quiros
  • 21 jul 2022
  • 8 Min. de lectura

Sala 1.1 del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (14 Julio - 20 Agosto 2022)



Andrea Monroy Palacios. Mantras que lloran. Sala 1.1. Foto Archivo MADC de Adriana Artavia 2022.


La artista visual y arquitecta guatemalteca Andrea Monroy Palacios, expone en Sala 1.1 del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, San José, Costa Rica; además, realizó un taller con artistas locales en Pila de la Melaza, para aprender el uso de pigmentos naturales, y una gramática simbólica observada en el teñido y confección de esos lienzos e hilos, y que refieren a los textiles guatemaltecos en particular al de los pueblos originarios mayas. El visor de nuestra mirada es dirigido hacia un conjunto de campos o espacios colgados en las cuatro paredes de la sala, de una cromática terrosa, arenosa, cercana a la cultura mesoamericana y la naturaleza de esta faja de tierra que llamamos istmo centroamericano, suficiente para re-imaginar aquel jardín de donde ella, Andrea, extrae esos pigmentos, con la utilización de raíces, bejucos, cortezas, semillas, cáscaras, hojas, maderas y pulpas.


Se trata de -y aquí radica el epicentro de la acción creativa-, de un conocimiento del cual nuestros ancestros tuvieron una lectura muy apropiada, incluso sanativa-, que como expresé, todos llevamos dentro porque son nuestro saber ancestral. La artista provoca heridas a esas telas en formas de escrituras las cuales sólo puede resarcir aquellas palabras bordadas, “los mantras que lloran”, especie de jaculatorias de una oración o poética relacional con que cohesiona el sentir de la vida, el significado de su poesía bordada, sintaxis que reúne las partes de las superficies teñidas con hiervas de aquel jardín e hilo de sensibilidad en un ritual donde tampoco está ausente el fuego. Se trata del fuego punitivo que a veces tortura, o en otras es la braza telúrica de los adentros que recuerda nuestra poquedad y fragilidad delante la grandeza de ña madre naturaleza, pero también el deseo pulsional de la fecunda materia encendida por volcanes, lagos y vías que conectan las cuatro direcciones cardinales con el universo (Supramundo e Inframundo en la cosmovisión y cosmogonía ancestral, marcada por el Axis Mundi, Ceiba pentandra).


Andrea Monroy Palacios. Mantras que lloran. Sala 1.1. Foto Archivo MADC de Adriana Artavia 2022.


Detrás de ese minimalismo del arte de Andrea Monroy hay una gran cultura, una creencia, una visión, un arte, una relación con el pasado a través de las prácticas del presente, una poética del bordar, tejer, unir, anudar, hilar y sentir en una tierra, un istmo, una región caminada a diario por miles de semejantes buscando otro fuego u otros linderos de lo sagrado para rehacer sus vidas, narradas con esos “quipus” que portan sus historias, sus abismos y sus mesetas donde sin saber en que lugar brotará el rizoma que no tiene principio ni final.


Entrevista a Andrea Monroy Palacios

Como parte de la lectura de esta propuesta, pensé en reflexionar a partir de las respuestas a algunas interrogantes que por lo general saltan en el recorrido a la sala, y que le pregunté para mediar mejor su comprensión: ¿Cuál es el origen? “Mi trabajo -comentó esta artista guatemalteca-, parte de un proceso que ha sido largo y lento.... Y no me refiero a la muestra que se presenta hoy en el MADC en aislado, sino a mi producción en general que va hilándose poco a poco”.



Andrea Monroy Palacios. Mantras que lloran. Sala 1.1. Foto Archivo MADC de Adriana Artavia 2022.


Le pregunté, para anclar el sentido del título de la propuesta: ¿Por qué lloran los mantras?

Andrea responde que los mantras no lloran, quien ha llorado soy yo. El mantra constituye una especie de esperanza repetitiva diciéndomela a mí misma.


Al centro de la sala se dispone un panel con una importante cantidad de espacios goteados, lo cual representa lágrimas que, en el proceso, son una especie de “paño de lágrimas” para recoger la savia de la experiencia y la huella dejada en el material, en este caso con la planta banano, con todo y su rico significado en la historia de estas patrias centroamericanas que fueron conocidas en el siglo pasado como Repúblicas bananeras.


LFQ: ¿Cuál es el sentido de mantra en su obra?

Andrea: Lo constituye la repetición unida a la técnica del bordado que se une en cada lienzo. Y también el contenido de la palabra, su significante y significado, seleccionando por mí e interpretado por mí.



Andrea Monroy Palacios. Mantras que lloran. Sala 1.1. Foto Archivo MADC de Adriana Artavia 2022.


LFQ: Al hablar de repetición, nos referimos a una categoría de la abstracción. Estamos hablando de ¿módulos?, ¿de campo o espacio?, ¿de materia?

Andrea: Mencionas el espacio... Y en eso quiero conectarme. El ser arquitecta me hace sentir el arte como un espacio. En ese espacio mi producción refleja en una parte mis vivencias personales y necesidades. Ya que hacer arte para mí es una necesidad, no un deseo. Cada lienzo tiene el trabajo antes mencionado que se resume de cierta manera.


LFQ: El color de los lienzos poseen una clave cromática muy terrosa, de ocre amarillo como el de la raicilla de cúrcuma, a lo verdoso del aloe, el aguacate, o el rojizo del achiote o el púrpura de la remolacha. ¿Qué aporta la técnica de extraer los pigmentos, y el manejo del color?

Andrea: El texto, pero más especial es el color de cada lienzo..., es regalo de un proceso con las plantas de mi jardín, que implica desde la siembra, el cuido, la espera y la parte final en la que puedo obtener su color.

Pero el color en sí no es el fin... En algunos casos va a llegar a desaparecer entrando al proceso natural del tiempo y al intervenir la luz que a veces lo destiñe.



Andrea Monroy Palacios. Mantras que lloran. Sala 1.1. Foto Archivo MADC de Adriana Artavia 2022.


Andrea Monroy Palacios. Mantras que lloran. Sala 1.1. Foto Archivo MADC de Adriana Artavia 2022.


Andrea Monroy Palacios. Mantras que lloran. Sala 1.1. Foto Archivo MADC de Adriana Artavia 2022.


LFQ: En la apariencia del lienzo se supone que hay pinchazos con agujas, hay heridas a suturar. Hay algunas que tocan el limen de la cultura, por lo tanto, hay un fuego pulsional como se dijo, pero también la tierra erosionada por malas prácticas agrícolas, violada por el extractivismo de minerales, contaminación y corrupción del agro. ¿Es el tejer un mantra que observa esos abordajes que son tan de naturaleza Sur/Sur en la política mundial?

Andrea: No es el tejer un mantra, es el bordar. Hay diferencia en la técnica. Elegí el bordado por la violencia en sí de la técnica. Es penetrar en el lienzo... Y así, de cierta manera, pero no violenta, perseguía que los extractos aplicados en el hilo y tela también penetraran en mis manos y partes de mi cuerpo que tenían contacto, ya que la técnica de teñido natural fue distinta. Yo busco al hacer el contacto con el extracto más que la fijación en la tela.


LFQ: ¿Cómo llegar a ese nivel de abstracción al trabajar con las palabras y las frases?

Ha sido un proceso que debo continuar. A través de la investigación textil en Guatemala me he dado cuenta de todo el conocimiento que no tengo. Y he tratado y seguiré investigando e interpretando. Creo que no me alcanzará la vida, pero aprovecharé el tiempo. Dentro de esa carencia..., me he propuesto aprender técnicas textiles.

Tuve la dicha de tener una maestra en tintes naturales que es guatemalteca, y de las mejores en su rama. Eso ha sido un regalo total para mí. Y el compromiso de hacer ese conocimiento mío a través de la interpretación y aporte personal.


LFQ: En esos lienzos está Guatemala, está enunciada Mesoamérica recorrida a diario y a grandes pasos por migrantes desesperados y adoloridos en la piel por los piquetes infectados o ulcerosos de caminantes nocturnos agredidos en la piel de la selva o las orillas de los ríos y lagos. ¿Qué te aporta en detalle las técnicas autóctonas del textil y el bordado vernáculo?

Andrea: El tipo de bordado que utilicé en la serie es una puntada característica de textiles de una región de Guatemala que me ha tocado aprender a través de cursos e investigaciones de campo. Las mujeres artesanas en Guatemala son realmente sabias y poderosas. Y, bueno, eso en referencia a la abstracción técnica.

Ahora, respecto a lo que llamaré simbólica..., ahí tengo que tomar un suspiro. Ha sido el tiempo y la curiosidad y mi intuición y perseverancia. En toda mi investigación... Lo más fascinante ha sido aquello que no se puede tocar ni expresar tan fácil... Pues es lo que se siente. Y he empezado ha sentir igual que muchas mujeres creadoras en mi país... el medio textil como algo más en el que se pueden depositar muchas cosas que solo se sienten con la relación que tiene al cuerpo y a la emoción.



Andrea Monroy Palacios. Mantras que lloran. Sala 1.1. Foto Archivo MADC de Adriana Artavia 2022.


LFQ: ¿Practicaban la abstracción los o las tejedoras mayas?

Andrea: Sí, de una manera extraordinaria. Sintetizar matemáticamente en puntadas sólo hablando del tejer es increíble. Y seguro me quedaré corta con esta respuesta. Es que hay que irse a lo prehispánico. Pero en los diseños es donde mejor se puede ver. Hay un nivel de análisis de la forma y el contenido para poder crear una imagen que más que imagen es un símbolo.


LFQ: En esa práctica del sentir, de sentirse lienzo, de sentirse hilo, de sentirse herida, de sentirse hoja de una planta que comparte la savia para dar el verdor, que comparte el humus del jardín, pero también el aire, el oxígeno remozado cada noche y que fija en el terreno los contaminantes para limpiar la atmósfera, para salvar al planeta del calentamiento global. ¿Es un mantra un buen ejercicio para minimizar, abstraer, sintetizar para decir con poco, mucho?

Andrea: Tú lo has dicho. No sé si poco o mucho. Necesitaba abstraerme yo... Hasta de mi misma en cierto sentido. Este proyecto viene en una etapa de mí vida en el que toco fondo... Y de repente solo tenía mis hilos, mis lienzos y mis plantas o solo cobraban estos elementos sentido. Es a través de analizar y hacer observaciones que pude relacionar el lograr conectarme en un solo movimiento, un solo momento a través del bordado con palabras que me digo a mi misma y que han sido seleccionados buscando salir de un estado. Eso unido al significado de la transformación que tienen mis plantas para mí.


LFQ: Al observar de cerca esas piezas, la técnica del bordado se semeja a “la puntada de marca” que me enseñó mi maestra de escuela primaria cuando yo era un “patojo”, y que nunca olvidaré, pues era conjunción y no dispersión, son como el “quipu” del altiplano andino que habla, narra, escribe con nudos y líneas de hilos que jamás se olvidan.


Interesa conocer tu reflexión acerca de estos aspectos del origen del arte actual, y su fundamentación cercana, por un lado, hacia la naturaleza y sus orígenes morfológicos, y, por otro, hacia la cultura que nos da vida, temple, ánimo, carácter, identidad, y conocimientos. Encuentro empatía entre el trabajo suyo, y mi pensamiento crítico y reflexivo, quizás, es la causa del impacto que tuve en mi propia apreciación de esta propuesta que exhibe la Sala 1.1 del MADC.



Andrea Monroy Palacios. Mantras que lloran. Sala 1.1. Foto Archivo MADC de Adriana Artavia 2022.


El curador José Picado comenta en el brochure de la muestra:

“Con esta exhibición, Andrea nos invita a formar parte de una conversación hetereogénea, una en la cual podemos ser espectadores y espectadoras de un intercambio de pensamientos entre la artista con ella misma, de Andrea con un lugar imaginario y los seres que lo habitan, o, incluso, de ella con las personas que interactúan con estos lienzos. Un diálogo que utiliza la palabra, el pigmento, las plantas, la savia y acciones como bordar y teñir, como principal medio de comunicación”.


¿Cuál sería, Andrea, tu pensamiento al respecto, y con esto concluir nuestro acercamiento y cruce teórico y conceptual?

Andrea: “La fundamentación cercana que mencionas se da solo y por la experiencia. Si bien, en mi caso, mi investigación empieza y sigue desde un punto lejano y exterior teniendo la etiqueta de una etnia específica en mi país, impuesta más que aceptada, las decisiones que he tomado de acercamiento apelando a mi intuición me han hecho tomar el camino de la práctica. No estudie arte y en lo textil parto del fracaso. Pero sí, desde el principio encontré esa articulación humana que existe entre la naturaleza y cultura en el hacer textil de mi país. Esta tradición es hecha en su mayoría por mujeres mayas, ese es el punto de partida.

Llevémoslo a la palabra "construcción", para llegar a mencionar "cimentación". Se necesita de mucho para construir y el conocimiento ancestral es, ha sido y será para mí el sistema de cimentación más particular. Porque parte de la especificidad necesaria, pero da cabida al descubrimiento.

 
 
 

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