Hilo Vibrante: Alma de la natura
- Luis Fermando Quiros
- 9 ago 2022
- 9 Min. de lectura

Mimian Hsu, “Isla flotante”, Instalación, 2022. Foto cortesía MBCCR.
Los humanos sin excepción tenemos un vínculo con el planeta, un hilo portador que nos impele a hacer de la vida un hecho memorable: el día día y el arte son instrumentos propicios para hacer vibrar esa conexión. Al hacerlo, el acto se vuelve ritual, una manera de congraciarse con esta entidad la cual nos aporta dones, talentos y caracteres, piedras angulares de nuestras acciones individuales y colectivas; pero además, nos son útiles para acusar tantos peligros que la y nos acechan, en tanto también somos naturaleza.
En estos tiempos actuales se viene advirtiendo esta “gracia”, manifiesta en una mejor relación entre el arte y el entorno, sintonizo este nexo en lo expuesto, razón por la cual me dispongo a traer el flujo de mis pensamientos y otros saberes referenciales, para ayudarme a esclarecer la fuerza de este vínculo: alma y natura, cuerpo y cerebro. En lo expuesto este ligamen se constata en el uso dado al material, como es la tierra, el agua, la piedra, la madera, el aserrín, la tela, la arcilla, la atmósfera con la iconografía del árbol, la montaña, las criaturas vivientes como somos los humanos, pero también el mundo animal, el caracol, el ave arpía, la serpiente que a su vez nos conectan a la identidad y orígenes terrestres.

Fotografías de Victoria Cabezas y José Díaz. cortesía de MBCCR.
Lo que aprecio en la propuesta “Hilo Vibrante, rituales artísticos contemporáneos”, en Museos del Banco Central de Costa Rica, curada por María José Monge, son pócimas para potenciar aquel ligamen con el origen, acicates que nos ponen a vibrar y a sentir las resonancias del planeta en una especie de danza cósmica donde apreciar y valorar nuestra mismidad. Y nos conecta a través de un ombligo que nos liga a la génesis, al vientre de esta madre de las energías vitales -a las cuales los ancestros llamaron “Pachamama”-, y dignifica volver a entrar en esa cavidad del mundo, para sentir aquellos ecos y sonoridades, abastecer los dones, su fuerza y así resarcir las energías que a diario gastamos intentando crear, o, por simpleza vivir.
Esto precisamente fue lo experimentado al sumergirme en lo expuesto por Alessandra Sequeira, inmersión que me devolvió a las vivencias algo oscuras y ya lejanas del nacimiento, de mi propio parto, cuando por vez primera nos sentimos en el mundo, con sus contingencias intrínsecas e instintivas sentidos perceptivos: oler, tocar, ver, chupar las mamas de nuestra madre dándonos la bienvenida a este crisol de vicisitudes que iniciamos al salir a flote de aquellos líquidos amnióticos, y respirar con autonomía. Este aspecto es central a la creación artística, implica saber alcanzar dicho carácter de libertad en el uso de la técnica y el contenido o el concepto. Importa saber más de ese cúmulo de la memoria, y como dije, superficies de libertad y existencias, que en este caso me conmovió, al estar ahí sumido entre fibras, raíces y hojarascas, me preparaban a descubrir otras interpretaciones o lecturas, otros hilos de la creación lo cual es nuestro principal talento: saber tejerlos, anudarlos, hacer cultura desde la llanura de lo propio.
Me conectó con esta perspectiva de lo tolerante y acorde “La cuenta larga”, 2022, performance escultórico (en video) de Elia Arce: poética de la superficie o piel terrestre que parece respirar y dilatarse como lo hacen los organismos vivos ante los peligros que nos transforman, como lo que hoy nos tiene en vilo, el calentamiento global, la contaminación del hábitat. Hay una sutura que nos puede conducir al vientre simbólico de la natura, al cual queremos volver y sentirnos uno, tierra y humanidad, resistiendo a los embates de agentes externos como la industrialización y el comercio global que agrede al entorno, lo atiborran con basura y subproductos que ellos mismos ignoran como reconvertir para que no envenenen la vida. Este video es una muestra fehaciente del minimalismo, en tanto solo divisamos tierra con una ramita y raíces dispuestas en la diagonal del punto superior, del cual se desprenden terrones y polvo, mostrando esa máxima tensión.

Vista general de la sala. Foto cortesía de MBCCR.
Visualizar el hilo
Muy importante en esta vida conmoverse: pues si el hilo no vibra, estaríamos perdiendo el tiempo, feneciendo al desafío, principal don que nos regala Natura. Me evoca la idea de “continuidad-discontinuidad”, como aprecia Georges Bataille en su libro El Erotismo: “el erotismo de los cuerpos, el erotismo de los corazones y erotismo de lo sagrado”. En las diferentes formas de sensualidad y fuego pulsional, “lo que está siempre en cuestión es sustituir el aislamiento del ser, su discontinuidad, por un sentimiento de continuidad profunda”. (Bataille, 1992, pág. 29).
Y se habla de lo sagrado, en tanto la Madre Natura que surte la vida, el alimento, la tierra para trabajarla, es una entidad a la cual debemos respeto y aprecio. Para este filósofo francés la continuidad está en los linderos de la muerte que nos deja ligados para siempre a esa “conexión transformadora”, a la madre tierra a la cual deseamos retornar aunque a veces también nos inspira terror.
La curadora de la exposición, María José Monge, para sumar a la idea del ritual nos comparte:
“Estas obras actúan como las hebras de un gran hilo vibrante que, en su elasticidad y fluidez, brinda las condiciones necesarias para el establecimiento de experiencias de conexión y de transformación que activan nuestra capacidad de establecer relaciones resonantes” (Monge M.J. 2022. Texto del brochure).
Marco en este punto un alto para analizar otra perspectiva paralela, y que me liga a esta conceptualización, en este caso de la artista de Barbados Annalee Davis quien en su libro publicado por Teorética al final de la década pasada, hila una mejor comprensión de la práctica artística, y, en particular, cómo podría calzar con este tejido relacional de “Hilo Vibrante”. Annalee nos refiere al modelo de “Oxford Muse” de Theodore Zeldin (1933), a su lenguaje y discurso:
“… las conversaciones trazarán líneas entre nosotros y alrededor de nosotros. Poéticas de relaciones emergerán a pesar de los estados de emergencia en que nosotros mismos nos encontramos. Zeldin nos recuerda que las redes más importantes, son aquellas de la imaginación, que cruzan lo convencional y lo no convencional, que se reúsan a aceptar que lo que existe es lo único posible”. Citado por Annalee Davis en Sobre el Estar Comprometida con un Lugar Pequeño. 2019. San José: Teorética. P. 55, editado por Miguel Ángel López). Al visitar esta propuesta que permanecerá abierta durante todo un año, sentí esa fuerza de trazos, bordes, puntos, texturas, tramas, ejes de circulación y penetración al interno del mundo, redes de la imaginación tal y como aduce Davis.

Captura de pantalla del video “La cuenta larga”, 2022, de Elia Arce.
Algunas lecturas con los ojos del alma
Tender un hilo que conecte los significados de las obras es a veces muy complejo, quizás como hacer una curaduría en tanto algunas piezas, aunque agraden no encadenan, nos dejan a la intemperie viendo para todos lados para ver por donde viene la procesión, o no encontramos la suficiente motivación para consumirnos en aquellas aguas del río de la interpretación del arte. A veces no nos encienden del todo y pasan desapercibidas sin ser comentadas porque no nos gustan. Hace falta un algo más, que mirar con los ojos pues requiere de una sustancia mayor que no tenemos al alcance todos los días y delante de todo arte.
La curadora agrega: “Desde esta premisa, las obras son canales para honrar, propiciar, agradecer y reciprocar las diversas dimensiones de la existencia”. Son canales para comunicar y conectar el adentro con el afuera, y viceversa, por donde corren las energías del planeta, relaciones sustanciales que nos transforman y “desbordan en silencio” (Solís 2022), hasta sumirnos a reflexionar y encontrar el sutil hilo de conexión.
Precisamente Rafael Ottón Solís exhibe dos instalaciones, una externa en la Plaza de la Cultura, titulada justamente “El silencio”. “Soy como agua que se derrama” 2022, y en el espacio de la sala de exposiciones del segundo subnivel instaló “De migrantes y refugiados”, 2022, por la cual pareciera sangrar por lo que ocurre con los migrantes que atraviesan nuestras geografías, como la instalación externa derrama la materia dura del planeta, la piedra.

Instalación de Alessandra Sequira. Foto cortesía de MBCCR.
Mimian Hsu, cuelga en el espacio central de las gradas su “Isla flotante”, una Instalación
de 2022 en la cual brotan superficies de vida, jardines flotantes, y con ellos celebrar esta poética y sensible introspección para mirar al planeta y mirarnos nosotros mismos inmersos en ese plan sagrado al cual debemos mirar con respeto.
Dino Urpí, expone “Códigos interdimensionales”, 2022, instalación de figuras recortadas conformando una cortina hecha con un lenguaje de acceso, desde afuera hacia los ignotos adentros de aquellas claves para sintonizar los canales de la comunicación humana.
El escultor Aquiles Jiménez exhibe varias piezas, pero en particular me enciende “Montaña del último árbol” 2013, talla directa en andesita y basalto cuya forma como de gota de agua, o de lágrima, aprecia el grabado en la piedra de un árbol, prediciendo su exterminio, si ignoramos el nexo que tenemos y procuramos proteger la naturaleza.
Tamara Ávalos exhibe “Serpiente poderosa”, es una alfombra de aserrín, 2022, la cual recupera aquellas formas de congraciar y alabar el don de lo sobrenatural, ebaoraciones presentes en procesiones y tradiciones de nuestros pueblos para manifestar sus creencias, pero también esa representación en espiral de paso continuo, simboliza para nuestras culturas vernáculas la deidad de la tierra, la Pachamama.
Lucía Madriz, con Serpiente de agua, pintura sobre madera, bronce, componentes eléctricos y Arduino, 2021, devela otra forma de visionar la natura a través de sus criaturas, exhibiendo un sensible trabajo sobre madera que proviene del árbol o Axis Mundi, y sintetiza la representación de reptiles como en la iconografía autóctona y en particular la serpiente de agua.
En otro apartado de esta propuesta expositiva podríamos hablar del ritual en sí, celebración o festividad para ensalzar la memoria, identidad y tradiciones propias. La curadora explica: “Los sentidos de pertenencia que se sedimentan a través del juego, la procesión o la fiesta, así como la importancia que el espacio, el tiempo y el cuerpo tienen en su escenificación, son rasgos característicos de la experiencia ritual”. (Monge, M.J. Brochure, 2022)
José Díaz, con su pieza “Lucha”, Rey Curré, 2020, provoca muestra sensibilidad a partir de una impresionante captura fotográfica del ritual o juego de los “diablitos”, celebración en la cual se presencia la lucha entre el bien y el mal, el habitante originario vrs el demonio que lo acosa, y que en este caso recuerda al colonizador el cual en ese juego de poder sale vencido.
Giorgio Timms, con la serie “Una semana al final del verano”, expone tres fotografías de la Semana Santa, en distintas fechas y días del calendario conmemorativo del Jueves, o el Viernes Santo. Son imágenes de gran calidad tanto en la captura y acción compositiva, sino que en la técnica y rigor de experimentado maestro.

Instalación de Dino Urpí, “Códigos interdimensionales”, 2022, foto cortesía de MBCCR.
Victoria Cabezas presenta “Negocio en el mercado” y “Sin título”, 1984. Para esta artista fotógrafa y también maestra, es suficiente distinguir que la energía es un hilo en tensión, vibrante, para encontrar diversos motivos de expresarlos con experticia y afinada sensibilidad vivencial y comunicativa.
Adrián Arguedas “Después de la lluvia”, pintura, 2021. Invita a deleitarnos con un singular detalle de la cotidianidad de un barrio o parte de la ciudad, agradeciendo quizás ese don de la lluvia que se vuelve motivo de contemplación, de la natura y la cultura que vivencia pero que también trasgrede y destruye.
Esta otra zona de la muestra exhorta a disponer el cuerpo para el sacrificio, la redención y la violencia, tal y como comenta la curadora, quien además agrega: “Estas obras comprenden gestos de liberación, de transformación y de sanación que, en todos los casos, acontecen en los cuerpos de sus artífices, como respuesta a formas de violencia histórica”. (Monge, M.J. Brochure, 2022).
Marton Robinson, exhibe un video-performance de 2019: “No le digas a mi mano derecha lo que hace la izquierda”. Se dispone a borrar lo manifestado aludiendo a una falsa naturaleza, lo que no es, aunque parezca serlo, y refiere a la situación cultural y reliegiosa del nombre de “La Negrita” a la cual el pueblo costarricense brinda fervorosa pleitesía.
Javier Calvo expone impresión digital de su performance “Dis” (quemaduras solares sobre el pecho), 2013. Sostiene una forma de identificar el territorio del istmo centroamericano y lo hace en su propia piel, como marcando su identidad con luz y calor que también son elementos del planeta.
Roberto Guerrero, “Rito de paso: tránsito rápido y suave hacia el otro equipo”, 2015
Cuestiona el prototipo de la masculinidad del jugador de fútbol, que a veces parece diluirse en un encuentro deportivo y ante el carácter competitivo del contrario, el artista lo logra con la astucia de la jerga popular, de identificar las preferencias sexuales.
Emma Segura. Expone la instalación “Círculo de protección” 2022, es una pieza casi inmaterial, pues solo existen hilos, líneas muy finas que configuran un cilindro, el adentro y el afuera de la esencia e inmaterialidad de lo puro o sagrado que no vemos, pero sentimos su inmanencia.
Priscilla Monge, “Notas curativas”, video-creación, 2022. Se trata del video donde ella protagonista, expone un dramático aspecto impactada por la crisis o la enfermedad, quizás atribulada por el desasosiego e incertidumbre de lo actual. Pero ella se sirve de dicha narrativa curativa, para sacar desde el adentro de su humanidad, ese demonio que la constriñe en el eterno enfrentamiento entre el bien y el mal.
“Corporalidades transformadoras” es el subtítulo de otra de las zonas de la exhibición, para lo cual expresa María José: “En algunas prácticas artísticas el cuerpo se dimensiona como un microcosmos en transformación, susceptible de canalizar y de propiciar procesos de crecimiento a escala individual y colectiva”. (Monge, M.J. Brochure, 2022).
Desde ese abordaje tan de carácter interior pero emocional, se aprecia el performance y videoinstalación “Conducto” de Karla Solano, 2022, el cual consiste en una cuerda que origina la espiral y en la cual se sume su cuerpo a adquirir ese blindaje simbólico y existencial.

Priscilla Romero, “Archivo digital”. Foto cortesía MBCCR.
Priscilla Romero expone “Archivo digital”. Importante reflexión sobre la liviandad de ser que parece volar o fugarse con el viento, y a la vez fijar esa huella que también porta a la identidad personal.
Quisiera referirme, para cerrar a la motivación y que externé en aquel ritual con que dio inició este proceso de Hilo Vibrante.
Intento evocar aquella sesión cuando me referí al refugio, dije que era una representación de la cueva existencial que buscamos todos cuando necesitamos seguridad, o aminorar el impacto de nuestros miedos. Aspecto que adenás referí al inicio de este comentario: el universo simbólico que representa el vientre del mundo, un lugar donde todo nos fue dado y en el cual volver a anidar nuestros deseos.
Comments