Regina José Galindo: La tierra que se traga a las mujeres, 2020
- Luis Fermando Quiros
- 5 jul 2022
- 9 Min. de lectura

Regina José Galindo. La tierra que se traga a las mujeres, 2020. foto del videoperformance, cortesía de la artista.
El arte hoy pone en foco problemáticas, lecturas y reinterpretaciones de realidades, historicidad, visión de mundo, geografías, políticas, entre otros abordajes, en tanto es el mayor espacio de observación, interacción, comprensión de contradicciones, paradojas y saberes que encienden el pensamiento cotidiano de todas las personas. Esto lo hace fundamental, de enorme vitalidad para la especulación creativa e incluso al relacionar otros o nuevos discursos, al ser vinculados a las prácticas artísticas, y algo en suma importante también es contextualizar esos eventos y situaciones al lugar donde se explican y ocurren, y en tanto dichas lecturas son cultura, vida, comprensión de significados por parte de los moradores terrestres en intrínseca relación con la naturaleza, la cual no es solo un manto superficial cobertor, sino, como en este caso de una mujer, una madre, una criatura del magno universo. Importa declarar además el contexto desde donde se produce esta lectura e interpretación, en mi caso es Mesoamérica, Centroamérica, el Caribe, tierra de tantas vicisitudes e incertidumbres, de manera que influye y relaciona el carácter de referencialidad y auto-referencialidad, e intertextualidad y descolonización.
Desde este enfoque y territorialidad intento abordar el trabajo crítico de la guatemalteca Regina José Galindo ( https://www.meer.com/es/54531-regina-jose-galindo-miradas-al-tiempo), no voy a hablar de sus múltiples premios, ubicuidad y presencialidad internacional, focalizaré en particular esta propuesta que nos refiere al suelo, a la tierra, a la materia originaria del planeta. Porque ésta es la casa, la casa es la tierra, el terrón sobre el cual vivimos y fuimos procreados, nacimos, crecimos, vivimos y moriremos al retornar a su inmanente materialidad. Entonces, en este análisis, hablaremos acerca de la casa y el suelo.
Como tejido de relaciones, el análisis interesa al presente estudio, desarrollado durante el año 2022 como proyecto contracultural de investigación del Museo del Pobre & Trabajador colectivo de arte contemporáneo, acerca del significado de la materia origen del planeta y su influencia en el cotidiano, y en especial en el arte actual. Lo haremos desde una focalización epistemológica, perspectiva que repasa su naturaleza, origen y valor de aquellos conocimientos que derivan su uso como materia. Pero, además, como punto esencial de cohesión de este cometido crítico, que amplíe la lectura e interpretación del arte de estos tiempos en la complejidad de la emergencia suscitada durante el reset, para desatorar la vida y cultura pos-pandémica, y la crisis atizada por la guerra en la pared oriental de Europa. Sin dejar de lado, por supuesto, la emocionalidad, cuando además de la agricultura para cultivar productos alimenticios, sustento cotidiano de la especie humana, o de tierra y agua convertida en barro para modelar utensilios del trabajo en el hogar (en el “úsure” -palabra de la lengua bribrí-, que significa casa cósmica en la cosmovisión de nuestros ancestros originarios de la Talamanca, bribrí y cabécar que también trataré en este texto), materia que alcanzará sonoridad, timbre, voz audible al ser cocida por la acción del aire y el fuego, pero también interesa la casa donde se generan las conductas sociales y culturales de la humanidad.

Regina José Galindo. “Poética de la resistencia” 2017. Performance. Foto cortesía de la artista.
Diversidad de suelos
El performance de Regina José Galindo, al tratar la materia origen del planeta me motiva a tratar aspectos inherentes al suelo, y a las culturas nacionales en particular las que pueblan estas tierras. La región de Talamanca -como territorialidad o superficie para nuestra cultura del Caribe Sur costarricense, va a ser considerada además en una mirada desde las ciencias sociales:
“Posee la propiedad de que en tan sólo 45 Km. horizontales alcanza una altitud de 3.800 m., lo cual impidió su conquista por parte de los españoles pues no se podía utilizar caballería. Además, se observa que se encuentran cerca de tres o cuatro distintos tipos de suelo desde el nivel del mar a las partes intermedias o altas. Como es un pueblo casi exclusivamente agricultor, pareciera que esto los ha influenciado muchísimo. Todo esto apoya el por qué se representa el cosmos con un modelo bicónico de casa-universo dividido en 8 secciones.” ( https://usurecr.org/articulos/la-casa-cosmica-talamanquena-y-sus-simbolos/ ) Junio 2022.
Insisto en clarificar ¿Por qué tratar en un comentario sobre arte del performance estos argumentos tan locales para nosotros?, pues se debe a que estos mismos abordajes implican a la tierra, que, aunque sea diferente en cada geografía y topografía del planeta, en cada nivel o universo, es siempre la misma materia con todos sus simbolismos. Éste, el suelo o territorialidad física o simbólica, guarda fines rituales al enterrar o recubrir a nuestros cuerpos al final del ciclo de la vida, y de singular interés, cuando dicho cuerpo es el de una mujer (nos evoca a la princesa niña madre Iriria, o a la deidad Mulurtmi en la cosmovisión bibrí, sobre cuyo vientre Sibú (su dios) colocó la gran Ceiba pentandra, la cual creció tanto que al ser talada, brotaron de ese vientre todas las aguas, ríos y mares del mundo, en cercana intertextualidad con la religión yoruba traída al Caribe por los esclavos africanos durante la colonización europea, extendiendo el culto de aquella diosa orisha por todo el archipiélago hasta el Brasil.

Regina José Galindo, Nadie atraviesa la región sin ensuciarse, 2015. Foto: Eddie Arroyo © La artista. Cortesía de la artista y prometeogallery di Ida Pisani, Milán / Lucca)
“La tierra que se traga a las mujeres”
Es un performance de Galindo el cual observa la función de enterrar, de recubrir el cuerpo en un sepelio, pero más que eso es comprendido en un sentido crítico de tapar o esconder las realidades de género ante las problemáticas sociales, como la violencia, los feminicidios y femicidios, la desventaja o discriminación racial y aquello que conlleva a la invisibilización o el ninguneo de la mujer delante de las prácticas sociales y el machismo desenfrenado que solapa la actualidad, a pesar de los intentos de las organizaciones sociales de abrir nuevas estructuras políticas para el equilibrio y la equidad. Es una pieza muy cruda, reveladora de la realidad que también lo es; nos habla en el lenguaje de los signos y los conceptos, de no tapar la verdad con un dedo como suele suceder ante estos abordajes.
El tremendal
Tal y como expresé, interesa a este estudio las conexiones, relaciones y clarificar la capacidad de intertextualidad del evento performativo, y en primer instancia, me enciende la memoria de mi época colegial cuando leímos la novela Doña Bárbara (1929), del venezolano Rómulo Gallegos quien, en el símbolo de la mujer expresaba rebeldía y poder hacia un régimen dictatorial que vivía aquel país ya desde aquellos lejanos tiempos. El tremendal es una condición del suelo pantanoso que se traga a las personas que caminen sobre él, y Gallegos concluía que esas terrnos movedizos estaban representadas en la trama novelesca por la misma Doña Bárbara que también la identificaba como “devoradora de hombres”.
En este performance de Regina José Galindo, con la curaduría de la española Blanca de la Torre, en una oquedad excavada en el terreno (en realidad no dice si es un camposanto o cualquier potrero, pues lo que se necesita es tierra y un hoyo para simbolizar un vientre), una mujer es sepultada bajo esa capa de material terrestre, y en cada palada se recuerdan esos males que exacerban mensajes que la sociedad ha inventado para fastidiar a las féminas, fustigarlas, incomodarlas en aquel “tremendal” al cual nos refiere Doña Bárbara: la palada del despecho, la de la infidelidad, del desamor, del desprecio, y así van desfilando cientos de calificativos a esa materia originaria del planeta que recubrirá a sus excéquias con un manto que llamamos “sagrado” en tanto ésta es morada eterna para una criatura que vuelve a su condición inicial, retorna a la Madre Natura, origen y fin de los nacidos en el planeta, y que, al fenecer, no quedará más que una palada de polvo, en tanto dice un aforismo: “polvo somos y en polvo nos convertiremos”.
En otro performance de años pasados “Poética de la resistencia” 2017, ( https://www.meer.com/es/33964-regina-jose-galindo ), Regina aparece en un predio en el cual una excavadora mecánica con una pala de movimiento neumático cava un abismo alrededor de su humanidad desnuda, al punto que si al llegar a la posición que ocupa la artista en la escena, ésta se despeña, ocurre una más entre tantas situaciones de adversidad en la resistencia de las femeninas ante la realidad tan agresiva tratada hoy por el arte.

Regina José Galindo. La tierra que se traga a las mujeres, 2020. foto del videoperformance, cortesía de la artista.
Análisis y cuestionamiento
Como comenté en la introducción, interesan esta cala de temas que portan a visualizar el arte desde muchas lecturas e interpretaciones, que poseen “un algo más” para conocer a la Galindo, su contexto, cultura, problemáticas. La artista, antropóloga y curadora de origen nicaragüense, Illimani de los Andes, comenta:
“Desde el Génesis hasta el Popol Vuh se invoca a la tierra. El polvo y el barro. El inicio y el fin. El camino fallido por encontrar vida al producir seres de criaturas, que sólo fueron posibles de ser, por medio del maíz, que a diferencia del cristianismo tiene de base la manzana como sinónimo de “pecado” y “expulsión”, sin embargo, desde nuestra ideología sincrética, ese es el mito que nos inunda… (Illimani de los Andes. Revista Escena número 81, Página web. 1 de agosto de 2020)
Como focalización el acto es subyacente a una noción de moralidad: tapar el pecado con tierra, mantener incólume el fastidioso designio sobre la mujer de ser origen del pecado, según la Biblia y los que nos llegó con la colonia, y que llevó a la expulsión de Adan y Eva del “Edén” o “Paraíso terrenal”.
En otro artículo, de esta misma autora, comenta acerca del significado de la tierra del cementerio que presupone sus propios mitos, miedos y desdenes, latentes en esos rituales de despedida del cuerpo para que entre en aquel espacio, al otro lado del río donde moran los muertos, al inframundo (en la cosmovisión de los pueblos originarios):
“La tierra del cementerio, tiene elementos simbólicos, que al aplicarle ese apellido de “cementerio”, nos incorpora desde el punto de vista fenomenológico la producción de memorias. La tierra del cementerio es sagrada, pues desde nuestra cultura cubre los cuerpos que, de forma natural se desintegran y vuelven al polvo”. (Illimani. Wall Street International Magazine, 2020).
Las Dos tierras
Al repasar y buscar literatura publicada al respecto, y estudios que den amplitud a lo tratado, devela la existencia de una “tierra externa”, la que vemos por que nos brinda la percepción de confort, solaz, esparcimiento, totalidad, propiedad, bien raíz, fuente de trabajo e investigación en la cual trabajamos para cultivar y sacarle frutos o productos para la manutención humana. Pero hay otra “tierra interior”, que no vemos pues la llevamos dentro, de la cual nacemos y a la cual viaja el alma al morir reintegrándonos a esa categoría simbólica a pesar de tantas vicisitudes e incertidumbres. El suelo donde crece aquella raicilla que “no tiene origen ni fin” (la idea de rizoma de Gilles Deleuze y Felix Guattari) y que nadie sospecha a dónde más brotará, o acabará. A esa tierra interior volvemos cada uno de nosotros al tiempo que necesitamos, porque intentamos revivir (como “Ofelia” de Jonh Everett Millais cerca de 1852, de renacer de las aguas del estanque), otro elemento del planeta donde sanar heridas, reinventarnos, buscar aquella útero existencial o vientre del planeta para ser restablecidos o revalorados en una sociedad de tantas injusticias, desamor, desesperanza y machismos. El “tremendal” devorador, en la metáfora de la vida, y que lo llevamos dentro.
El arte motiva a reflexionar, a esculcar los significados de esas imágenes tan fuertes y profundas de intentar enterrar a una mujer por su vida, por su pecado, que nos es única en tanto todos arrastramos estas culpas ante un código moral que representa la fe, la creencia a través del paso colonial en ese hoyo planetario, “paso”, a su vez, a una nueva vida donde todo será diferente, donde la esperanza es vivir en paz, sin dolor, sin males, en cuyas aguas emana leche y miel, que llamamos Casa Celestial, morada última o Úsure o casa cósmica universal en la cosmovisión de los pueblos originarios del Sur costarricense. “Sur” y “tremendal” son sinónimos en esta focalización simbólica. Y con esto concluyo el acercamiento al performance de Regina, “Tierra que se traga a las mujeres”, 2020.

Regina José Galindo. La tierra que se traga a las mujeres, 2020. foto del videoperformance, cortesía de la artista.
A manera de conclusión
El poeta costarricense Minor Arias Uva, en su poema “Úsure: la casa de Sibú, del libro “Arteria Ancestral”, 2022, nos declama algunos versos que refieren a estos orígenes terrosos, y sobre todo a la casa, como se afirmó al inicio de este ensayo crítico: “la tierra es la casa”:
“En el úsure se canta,
Se agradece a Sibú,
El úsure es vientre,
Canasta de maíz cubierta de plumas
De suita: planta protectora del sueño”.
Acá el cantor talamanqueño nos refiere al universo, al Chirripó cerro o cúspide montañosa que sostiene al firmamento, y, (que es un “Everest”, una meta a llegar para muchas personas en este país), la refiere a una casa: “Úsure, concavidad infinita”. Quizás para la artista Galindo esa “úsure” esté en las nociones de la selva maya, o la sierra madre de los mexicas o en el valle sagrado Inca. Arias Uva devela el significado de la “Casa cósmica” (casa cónica dividida en ocho estratificaciones, mitad sumidas bajo tierra y la otra exterior), gran vientre materno que nos gesta, que crece hacia arriba, Supramundo, tanto como hunde sus raíces en el abajo, Inframundo, vientre en el cual adquirimos corporeidad y funciones vitales e intelectuales gracias a los sistemas fisiológicos que nos son dados dentro en esa cavidad -Úsure o vientre de la cultura-, para emerger a la vida.
Importa, como cierre a este ensayo, enfatizar la capacidad que posee el performance de Regina José Galindo, de suscitar tan diversidad de visiones y análisis a través de la interpretación de los signos que ofrece, al cavar ese hoyo y recubrir su cuerpo de tierra.
(Regina José Galindo, Nadie atraviesa la región sin ensuciarse, 2015. Foto: Eddie Arroyo © La artista. Cortesía de la artista y prometeogallery di Ida Pisani, Milán / Lucca)
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